La historia del cruasán

Este año se cumplen 50 años del estreno cinematográfico de la novela de Truman Capote “Desayuno con diamantes”, un clásico instantáneo y una preciosidad de historia.

En la novela el personaje encarnado por Audrey Hepburn desayunaba (al menos en la novela) un cruasán enfrente del escaparate de la famosa joyería de la ciudad de New York “Tiffany”

¡Qué apetecible era aquella media luna sonando de fondo la famosa canción de Henry Mancini “Moon River”!

 

 

Pero… ¿Cuál es el origen de este pequeño placer? ¿Cuál es su historia? Eran preguntas que se acumulaban en mi cabeza. Y fijaos lo que es el destino que leyendo un libro de lo más interesante llamado: “Historia del mundo sin los trozos aburridos”, el autor Fernando Garcés Blázquez nos invita de una forma amena, divertida y original a dar un paseo por nuestra historia con anécdotas tan singulares como la que os transcribo directamente.

“Bizancio fue una polis griega situada a la entrada del estrecho del Bósforo, sobre una parte de la actual ciudad de Estambul y la antigua Constantinopla, en Turquía. De acuerdo con la leyenda, esta polis logró repeler un ataque nocturno gracias a la luz de la luna. Los bizantinos, en honor a la diosa lunar Artemisa, decidieron adoptar el emblema de la luna creciente. Muchos  siglos después, esta ciudad volvió a ser sitiada, pero esta vez los invasores lograron penetrar dentro de sus muros. Eran los poderosos ejércitos turcos otomanos, que orgullosos de su victoria decidieron adoptar el símbolo de la media luna en sus estandartes militares.

No mucho después, estos mismos ejércitos se extendieron por toda Asia y el norte de África. Al mismo tiempo, también avanzaron por la Europa que baña el Danubio, hasta sitiar Viena, la capital del imperio austriaco, hacia 1683. Cuenta la tradición que, una noche -idealmente con luna creciente-, un polaco de veintitrés años llamado Georg Franz Kolschitzky ( ca. 1640-1694) atravesó las líneas turcas, y regresó con información de vital importancia para los sitiados: el rey de Polonia enviaba refuerzos. Los austriacos, entonces, se armaron de valor y pasaron al ataque, venciendo a los turcos que huyeron abandonando armas y provisiones, entre ellas varios sacos de café.

En agradecimiento a sus servicios, Kolschitzky fue recompensado con estos sacos, y el héroe de la batalla decidió abrir el primer café en Viena. Hay que precisar que en aquella época, los cafés no eran desconocidos en Europa -existían varios en París, Londres-, por lo que no es posible que el café de Kolschitzky fuera el primero, sin embargo, su popularidad eclipsó a sus predecesores. Fuera como fuese, para evitar que aquella victoria se olvidara, el soldado cafetero le pidió al panadero que crease un nuevo dulce. Poco después, en el café se vendía un pastel con forma de halbmond (“media luna” en alemán),como mofa del ejercito derrotado. Un siglo más tarde, una jovencísima reina nacida en Viena y llamada María Antonia Josefa de Habsburgo-Lorena ( 1755-1793 ), más conocida como María Antonieta, llévo el halbmond a Versalles, en París. Allí, el deliciosos pastel recibió el nombre por el cual es hoy mundialmente conocido: croissant (“creciente”, como la media luna).”

Alfonso Nieto Zamora. La Taberna del Gourmet