Magia

Interior. Sala de cine. Media tarde. Sentado con un paquete de palomitas recién hechas, su aroma recorre toda la sala, espero a que la película empiece, miro mi reloj y en ese preciso instante un haz de luz surca la oscuridad e impregna la pantalla con unas imágenes preciosas, atento a ellas disfruto de la magia con la que están hechos los sueños.

La quimera del oro

Aparece Charlot cocinando unos de sus zapatos (“La quimera del oro”) ante la mirada atónita de su compañero, que elegancia a la hora de prepararlo incluso parece sabroso, sonrío cuando enrolla los cordones como si fueran espaguetis y cuando chupa los clavos como si de marisco se tratara, era un genio y siempre lo será.

Woody Allen

De repente aparecen un grupo de revolucionarios guiados por Woody Allen (“Bananas”) entran en una cafetería a pedir comida para llevar para mil hombres, que cara se le queda al camarero cuando realiza el pedido y van y no le pagan, después vemos el poder erótico que tiene W.A. que tras demostrar su valentía come con su compañera  y ésta tras contemplar los alardes de él yacen al son de “La obertura 1812″ de Tchaikovski (risas), seguimos a un futuro no muy lejano (“El dormilón”) en donde este pequeño genio con gafas de pasta va andando con mil ojos ya que es un fugitivo y esta buscando comida, encuentra una granja donde los alimentos son transgénicos y gigantes, la aventura empieza cuando pela una plátano de grandes dimensiones y uno de los guardias custodios intenta atraparlo y los dos resbalan una y otra vez hasta que lo deja sin sentido con una fresa descomunal.

Volvemos al pasado y en la siguiente escena vemos a Juliet Binochie (“Chocolat”) preparando sus amplio repertorio de su pequeña Chocolaterie, se me hace la boca agua viéndola como trabaja el cacao y transformándolo en obras de arte culinarias, aparece mini chef (“Ratatouille”) acompañado de una deliciosa música, por que es cierto que cocinar a veces es como bailar y transforma una insípida sopa en una deliciosa experiencia para los cinco sentidos, lo que demuestra que todo el mundo puede cocinar hasta una rata, a pocas calles dos perros (“La dama y el vagabundo”) se besan por primera vez comiendo un plato de espaguetis.

Todo un recital de imágenes hacen de  esta tarde un recuerdo único que pervivirá dentro de mi para siempre. Exterior. Calle. Noche. Llueve.

Me coloco sobre mi cuello mi bufanda favorita y comienzo a pasear, una sonrisa se cuela por mi cara mojada por la lluvia, he sacado dos cosas en claro con esta película tan personal;

1-que simbiosis tan perfecta, gastronomía y cine, dos maneras de crear arte y que siempre ligan bien.
2-que tengo hambre, adiós.

Alfonso Nieto Zamora. La Taberna del Gourmet